domingo, 22 de julio de 2012

EL OTRO, EL MISMO, JORGE LUIS BORGES, 1964.

El Otro,El Mismo, 1964. La preocupaciónpor el tiempo atraviesa transversalmente la obra poética y el pensamiento deJorge Luis Borges. Él mismo dice en el prólogo a esta obra poética: «Lacontradicción del tiempo que pasa y de la identidad que perdura, mi estupor deque el tiempo, nuestra substancia, pueda ser compartido».

La noche, símbolo de desvelos, de angustias ycavilaciones sorprende al poeta. Una noche en vigilia es como decirle a lamemoria, a la imaginación, que salgan de sus aposentos. La memoria es, comodice el mismo Borges, la ‘cuarta dimensión’ en la que el poeta se encuentra.«De fierro, / de encorvados dientes de enorme fierro, tiene que ser la noche, /para que no la revienten y la desfonden / las muchas cosas que mis abarrotadosojos han visto, / las duras cosas que insoportablemente la pueblan» (Insomnio).

Hay una identificación de Borges con el agua comocuarto elemento. Los otros tres son, recordemos, la tierra, el aire y el fuego.Muy celebrados por los antiguos filósofos de la Grecia Antigua. Sor Juana Inésde la Cruz, lamonja de Nueva España, México, canta a los cuatro elementos, pero desde unaperspectiva cristiana navideña. Octavio Paz dedica el tomo 5 de sus ObrasCompletas a la célebre poeta mexicana. Borges, decía, se siente atraído por elcuarto elemento, el agua. El agua está asociada con el transcurrir del tiempo.«Tiempo irreversible que nos hiere y que huye […] Agua, te lo suplico. Por estesoñoliento / nudo de numerosas palabras que te digo, / acuérdate de Borges, tunadador, tu amigo. No faltes a mis labios en el postrer momento» (Poema delcuarto elemento).

Un extraño aguijón punza la consciencia de ser, deexistir el poeta. Quiero decir, que el hombre es un misterio y el poeta afrontaesa inquietud con cierta desazón. Las preguntas eternas de ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?, ¿quién soy yo?, estremecen al poeta con una forma inusitada. No lesda respuesta, solamente las siente como una fuerza misteriosa. «Mi vida que noentiendo, esta agonía / de ser enigma, azar, criptografía / y toda la discordiade Babel. // Detrás del nombre hay lo que no se nombra; / hoy he sentidogravitar su sombra / en esta aguja azul, lúcida y leve, / que hacia el confínde un mar tiende su empeño, / con algo de reloj visto en un sueño / y algo de avedormida que se mueve» (Una brújula).
El hombre –de nuevo la angustia ante el enigma desu ser y su existencia-, pasa ligero por el mundo como si estuviera hecho detiempo. «Hecho de polvo y tiempo, el hombre dura / menos que la livianamelodía» (El tango). «Cuadrúpedo en la aurora, alto en el día / y con tres pieserrando por el vano / ámbito de la tarde, así veía / la eterna esfinge a suinconstante hermano, // el hombre […] Nos aniquilaría ver la ingente / forma denuestro ser; piadosamente / Dios nos depara sucesión y olvido» (Edipo y elEnigma).

En continuidad estrecha con “El Hacedor”,resuena con más fuerza en “El Otro, El mismo”, el nombre de Dios. «El infierno de Dios no necesita / elesplendor del fuego […] Dios no requiere / para alegrar los méritos del justo,/ orbes de luz» (Del infierno y del cielo). La Verdad está emparentada conDios, pues es su resplandor. Borges lo dice de otra manera: «¿Qué sucediócuando el inexorable / sol de Dios, La Verdad, mostró su fuego? / Quizá la luz de Dioslo dejó ciego / en mitad de la gloria interminable» (Baltasar Gracián). «Y,hecho de consonantes y vocales, / habrá un terrible Nombre, que la esencia /cifre de Dios y que la Omnipotencia / guarde en letras y sílabas cabales […] Sabemosque hubo un día / en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre / en las vigiliasde la judería» (El Golem). «Dios quiere andar entre los hombres // y nace deuna madre, como nacen / los linajes que en polvo se deshacen, / le seráentregado el orbe entero, // aire, agua, pan, mañana, piedra y lirio, / perodespués la sangre del martirio, / el escarnio, los clavos y el madero» (Juan 1,14). «Dios me ha devuelto al mundo de los hombres, / a espejos, puestas,números y nombres» (Alexander Selkirk). «Miraba / lo que ven los ojos terrenales:/ la ardiente geometría, el cristalino edificio de Dios y el remolino sórdidode los goces infernales». (Emmanuel Swedenborg). «No hay una cosa de Dios en elsereno ambiente / que no lo exalte misteriosamente» (Jonathan Edwards). «Dios,que sabe de alquimia, lo convierte / en polvo, en nadie, en nada y en olvido»(El Aquimista). «Ya es impreciso / en la memoria el Paraíso, / pero yo sé queexiste y que perdura» (Adam Cast Forth).

Como estamos hecho de tiempo, soñamos con unamañana sin tiempo; eterno mañana. ¿Será posible pasar de los sueños al sueñoque todos soñamos? «Entra la luz y asciendo torpemente / de los sueños al sueñocompartido […] ¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte, / me deparara un tiemposin memoria / de mi nombre y de todo lo que he sido!» (El despertar). «Perobien sabe / que el trino no es del árbol ni del ave / sino del tiempo y susvagos días» (París, 1856). «¿No es acaso / tu irreversible tiempo el de aquelrío / en cuyo espejo Heráclito vio el símbolo / de su fugacidad» (A quien estáleyéndome).

La adjetivación vigorosa, que viene desde suprimera obra poética, caracteriza la poesía de Borges. «Clara reina»,«insufrible sol», «incesantes ojos», «cóncava fama», «oscuro olvido», «blancuraciega», «hondo vino», «roja metáfora», «triste olvido», «dura tiniebla»,«insomne braseo», «oscura visión».

Hay una complicidad entre la palabra y el poeta.Él pergeña versos, el telar de su memoria, como Penélope que tejía su esperanzade volver a ver a Ulises. «Gastada por los años la memoria / deja caer la envano repetida palabra y es así como mi vida / teje y desteje su cansadahistoria […] Más allá de este afán y de este verso / me aguarda inagotable eluniverso». (Composición escrita…).

Nuestra estancia en el mundo es tan breve y fugazque, aunque vivamos largos años, apenas si es un suspiro la vida. Cuando eltiempo transcurrido se hace memoria, el pasado se vuelve la única certeza, talvez el único asidero. El poeta lo sabe, por eso dice: «Soy un instante / y elinstante ceniza, no diamante, / y sólo lo pasado es verdadero» (A una espada enCork Minster).

Pero este instante, aún sea glorioso, sedesvanece. El poeta desea que perdure, no su nombre, sino al menos un destellode su poesía. El aeda ha vivido más que para engrandecer su nombre, paraenaltecer la poesía. «La fama, ese reflejo / de sueños en el sueño de otroespejo» (Spinoza). «Que mi nombre sea Nadie como Ulises, / pero que algún versoperdure / en la noche propicia de la memoria» (A un poeta sajón). «La memoriaerige el tiempo» (El instante). «Vino, enséñame el arte de ver mi propiahistoria / como si ésta ya fuera ceniza en la memoria» (Soneto al vino).

Arriba hemos indicado en el poema “Una brújula” lagran inquietud de Borges ante el enigma que es el hombre, el ser humano. En unsoneto vuelve a retomar el tema, pero a la luz de la mitología. Proteo, segúnel mito, podía metamorfosearse o convertirse en uno de los elementos: tierra,agua o fuego. Proteo, además, según Virgilio (Geórgicas, IV) lo sabía todo, loque es, lo que fue y lo que será. Borges acude al mito para decirnos: «Yo quesoy el que ahora está cantando / seré mañana el misterioso, el muerto, / elmorador de un mágico y desierto / orbe sin antes ni después ni cuándo. / Asíafirma la mística. Me creo / indigno del Infierno o de la Gloria, / pero nadapredigo. Nuestra historia / cambia como las formas de Proteo. / ¿Qué errantelaberinto, qué blancura / ciega de resplandor será mi suerte, / cuando meentregue el fin de esta aventura / la curiosa experiencia de la muerte? /Quiero beber su cristalino Olvido, / ser para siempre; pero no haber sido» (Losenigmas).

La melancolía invade a ratos el músico de la lirade Orfeo. La tristeza nace de la terrible certeza de la brevedad de la vida. O,dicho con otras palabras, el miedo a la muerte, horror vacui, acecha al poeta yle hace pensar en el desenlace de la vida. «La vida es corta / y aunque las horasson tan largas, una / oscura maravilla nos acecha, / la muerte, ese potro delmar, esa otra flecha / que nos libra del sol […] Sólo me queda el goce de estartriste» (1964, II).

Mientras vivimos, mientras estamos en este mundo,hay que agradecer, la admirable certeza de nuestra existencia. Cada día es unregalo, una oportunidad para la alegría. La no menos verdad de que la muertenos sobrevendrá nos apremia a valorar cada instante. Por eso el poeta dice ser:«Un hombre que ha aprendido a agradecer / las modestas limosnas de los días […]Quizá en la muerte para siempre seremos, / cuando el polvo sea polvo, / esaindescifrable raíz, / de la cual para siempre crecerá, ecuánime o atroz, / nuestro solitario cielo oinfierno». (Alguien). «Sólo del otro lado del ocaso / verás los Arquetipos ylos Esplendores». (Everness). «Sé que en la eternidad perdura y arde / lo muchoy lo precioso que he perdido: esa fragua, esa luna y esa tarde» (Ewigkeit).

En el poemario “El hacedor” (1960) Borges escribeel “Poema de los dones”. Ahora, en el “Otro, El mismo”, vuelve a escribir unnuevo “Otro poema de los dones”. En este poema hermoso del que espigo estosversos: «Por el amor, que nos deja ver a los otros / como los ve la divinidad[…] por los ríos secretos e inmemoriales / que convergen en mí […] por el mar,que es un desierto resplandeciente […] por el oro, que relumbra en los versos».

En este poemario, “El Otro, El mismo” el poetaoscila entre la memoria, el tiempo, el enigma del hombre –de él mismo-, elsueño y la muerte, que nos persigue como una sombra de nuestro mismo cuerpo.«Nuestro deber es la gloriosa carga / que a nuestra sombra legan esas sombras /que debemos salvar […] Arda en mi pecho y en el vuestro, incesante, / eselímpido fuego misterioso». (Oda escrita en 1966)
Los sueños crean una atmósfera de satisfacción, unestado del que no quisiéramos salir, porque ellos, acaso, son una replica deaquello anhelamos, no como realidad y deseo, a la manera freudiana, sino comolegítima aspiración del Paraíso. Sueños «que bien pueden ser reflejos / truncosde los tesoros de la sombra, / de un orbe intemporal que no se nombra» (El sueño).

El mar, de nuevo el mar. El mar como pregunta,como insondable imagen del misterio del hombre. El poeta sabe de su existencia,pero no está seguro de quién sea él. Lo entrevé en la dimensión telúrica delmar que impacta su propio ser. Dicho con otras palabras, el mar alude a unadimensión trascendente, metafísica que no le es ajena, para nada, a Borges.«¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares /de la tierra y es uno y muchos mares / y abismo y resplandor y azar y viento?[…] ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día / ulterior que sucede a laagonía». (El mar); (véase “Singladura” del poemario “Luna de Enfrente).

¿Es la vida un laberinto en el que avanzamos entresueños y enigmas? ¿Hay una salida victoriosa a la existencia del hombre? Si laeternidad nos aguarda, ¿dónde se gesta la telaraña que aprisiona nuestros másprofundos anhelos de vida? «Mis pasos urden su incalculable laberinto […] Nonos une el amor sino el espanto» (Buenos aires). «La eternidad está en lascosas / del tiempo, que son formas presurosas» (Al hijo). FLH.
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